El peso mexicano se depreció más allá de 17.9 por dólar estadounidense después de que el Banco de México reanudara inesperadamente su ciclo de relajación, recortando la tasa de referencia en 25 puntos básicos hasta 6.75%. La medida, aprobada por mayoría de la Junta de Gobierno, se produjo a pesar de una aceleración de la inflación general a mediados de marzo hasta 4.63% y se atribuyó en gran medida a una marcada debilidad de la actividad económica interna a comienzos de 2026. Factores globales también pesaron sobre el peso, ya que el dólar se fortaleció después de que el presidente Trump se negara a comprometerse con un acuerdo de paz en Medio Oriente, lo que intensificó los temores de estanflación y llevó a un aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Dado que Irán muestra poca disposición a ceder y se han reanudado los ataques de Estados Unidos contra infraestructura energética, el riesgo persistente de interrupciones en el suministro de petróleo ha seguido respaldando al billete verde. En el ámbito interno, la contracción de la producción manufacturera y el estrechamiento de los diferenciales de tasas de interés han socavado aún más el atractivo del peso.