El won surcoreano se debilitó más allá de 1.500 por dólar, su nivel más bajo desde marzo de 2009, debido a que el aumento de las tensiones entre EE. UU. e Irán inquietó a los mercados globales. Washington ha dado a Teherán 48 horas para reabrir el Estrecho de Ormuz, advirtiendo que, si no lo hace, podría lanzar ataques contra instalaciones energéticas iraníes. Irán, por su parte, ha amenazado la infraestructura regional de energía y agua y ha señalado que podría cerrar el estrecho si es atacado. El sentimiento de aversión al riesgo se ha intensificado por la venta de activos coreanos por parte de inversionistas extranjeros, con salidas netas que alcanzan los 1,8 billones de won, lo que mantiene una presión bajista persistente sobre la moneda. La fuerte dependencia de Corea del Sur de la energía importada aumenta el impacto económico de cualquier repunte en los precios del petróleo, mientras que la debilidad generalizada en los mercados asiáticos —incluidas fuertes caídas en el KOSPI— ha alimentado aún más la demanda de activos refugio en dólares estadounidenses. En respuesta, el gobierno y el partido gobernante están elaborando un presupuesto suplementario de 25 billones de won destinado a amortiguar el impacto sobre la economía del fuerte aumento de los costos energéticos y a proporcionar apoyo a los grupos vulnerables.