El oro se mantuvo por debajo de los 4.700 dólares por onza el viernes, después de una fuerte caída de dos días, y se encaminaba a su peor pérdida semanal en seis años. El descenso se produjo cuando el fuerte aumento de los precios de la energía, impulsado por el conflicto en Oriente Medio, intensificó los temores de inflación y redujo las expectativas de recortes de tipos de interés. El encarecimiento de la energía y el aumento de las presiones inflacionarias inclinaron a los inversores hacia el dólar y los bonos del Tesoro de EEUU, lo que erosionó la demanda de metales tradicionales de refugio como el oro.
El shock energético también obligó a los mercados a reevaluar las perspectivas de la política monetaria tras una serie de señales de corte restrictivo por parte de los principales bancos centrales. La Federal Reserve mantuvo sin cambios los tipos de interés y señaló que es poco probable que se produzcan recortes hasta que haya pruebas claras de una moderación de la inflación. De forma similar, el European Central Bank, el Bank of Japan y el Bank of England también mantuvieron sus tipos sin cambios, pero adoptaron un tono más agresivo, apuntando a un sesgo hacia una política más restrictiva. Como resultado, los mercados han pospuesto sus expectativas de recortes de tipos por parte de la Fed hasta 2027 y ahora descuentan dos subidas de tipos por parte tanto del ECB como del BOE este año, lo que socava aún más el atractivo del oro.