Los precios del carbón se mantienen cerca de 130 dólares por tonelada, por debajo del máximo de 17 meses de 146,5 dólares alcanzado el 20 de marzo, aunque siguen siendo casi un 9% superiores desde que estalló la guerra a comienzos de marzo. Este aumento refleja en gran medida el efecto de contagio de las primas de riesgo elevadas en los mercados de petróleo y GNL, ya que el estancamiento de las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán mantiene las principales rutas marítimas envueltas en incertidumbre.
En toda Asia, el carbón sigue siendo fundamental para la generación eléctrica de carga base. Japón está ampliando la vida operativa de sus centrales de carbón, y Corea del Sur está flexibilizando las restricciones al uso de este combustible. Al mismo tiempo, China está incrementando la producción nacional de carbón y acelerando los proyectos de conversión de carbón a gas para reducir su dependencia de las importaciones. En conjunto, estas medidas ponen de relieve un giro más amplio hacia la seguridad energética, con gobiernos que buscan protegerse de las persistentes preocupaciones sobre el suministro de gas y petróleo.
No obstante, cualquier normalización en los flujos de energía procedentes de Oriente Medio podría revertir rápidamente las recientes subidas del precio del carbón. A más largo plazo, se espera que la demanda de carbón se enfrente a crecientes vientos en contra debido a la rápida expansión de las energías renovables y a las transiciones energéticas impulsadas por políticas públicas en todo el mundo.
En el ámbito corporativo, Anglo American ha despertado el interés de al menos tres posibles compradores para sus activos de carbón siderúrgico en Australia. Stanmore Resources, Mitsubishi Corporation y PT Buma Internasional Grup figuran entre los interesados que, según los informes, están evaluando presentar ofertas.