Los precios de la madera subieron por encima de 640 dólares por mil pies tablares, alcanzando su nivel más alto en un año, debido a que los extensos incendios forestales en el oeste de Canadá endurecieron las perspectivas de oferta. Más de 900 incendios ardieron durante el fin de semana, incluso en Columbia Británica —la mayor provincia exportadora de madera de Canadá—, donde las alertas de evacuación amenazaban con interrumpir las operaciones forestales.
Reforzando las preocupaciones sobre la oferta, el presidente Donald Trump insinuó que podría incorporar los costos relacionados con los incendios forestales a los aranceles existentes de casi un 35% sobre la madera canadiense. Al mismo tiempo, la capacidad de los aserraderos siguió siendo limitada: los derechos canadienses ya habían provocado recortes de producción y cierres de plantas, mientras que el aumento de las exportaciones de troncos estadounidenses a China añadía más presión a las cadenas de suministro domésticas de madera.
En cuanto a la demanda, los inicios de construcción de viviendas en Estados Unidos aumentaron un 19%, pero el incremento se debió en gran medida a proyectos multifamiliares y no a viviendas unifamiliares, que son más intensivas en el uso de madera, lo que limitó el impulso a la demanda de este insumo.